Présidence
Muriel Queval
Direction des chants
Sylvie Giroux
Prédication
Pierre Pellerin
El anciano o anciana como hijos e hijas de Dios, creyentes en el Hijo de Dios, Jesús, en sí son un mensaje, un testimonio de fe.
Contrario a los criterios que el mundo usa en relación a la ancianidad, la Biblia habla de fructificar. “El justo florecerá como la palmera…aún en la vejez fructificarán.” (Salmo 92-14).
En el mundo productivo una persona que pasa de los 40 años, ya no es elegible para un trabajo. En los países desarrollados debido a los afanes y trabajo, los ancianos y ancianas son un obstáculo para los hijos e hijas y los llevan a lugares para ancianos (as) y con todo y lo bonito que son, muy cómodos, ellos purgan allí sus últimos días, y allí mueren solo por el delito de llegar a la senectud.
En la Biblia hay un reconocimiento maravilloso a la ancianidad:
“Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aún en la vejez florecerán; estarán vigorosos y verdes, para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia” ( Salmo 92:13-15)
Si bien es cierto que en la vejez decae el vigor físico, no es menos cierto que en muchas ocasiones, gracias a la experiencia y a sus conocimientos adquiridos y en el anhelo de ser útiles, hacen una contribución poderosa a la sociedad.
Tenemos grandes figuras como estadistas, inventores, pedagogos, escritores, pastores y otros que no quisieron someterse a la edad de la jubilación o el retiro, a la marginación o al exilio que algunas comodidades imponen a los ancianos y ancianas para dar su contribución en bien de la humanidad.
En Levítico 19:32 dice “Delante de las canas te levantarás y honraras el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová” Este es un derecho al reconocimiento público que los ancianos tienen, el honor que debe darles la sociedad que ellos con el vigor de su juventud un día forjaron: el hogar que lograron construir.
A veces el énfasis puesto en la juventud y el consiguiente temor a la vejez ha creado un clima de rompimiento generacional que no hace ningún bien a la juventud, ni a la “vejentud” Es necesario equilibrar y tender puentes entre estas dos etapas de la vida; los jóvenes tendrán que reconocer que la única alternativa que tienen frente la vejez es la de morir jóvenes o llegar a la vejez. El anciano tiene que reconocer que su experiencia no debe ser motivo para despreciar a los jóvenes, sino compartir generosamente esa experiencia.
Las buenas relaciones que deben existir entre ambos, se muestra en el libro de Jeremías capítulo 31:13 “…la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente.” Zacarías 8:4a,5 dirá: “…Aún han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén…y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachas y muchachos que jugarán en ellas.”
Finalmente, hay una recomendación bíblica a la juventud. “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino se ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.” (1ª. Timoteo 4:12)